El intestino, tu segundo cerebro

miércoles, 26 de agosto de 2009
El intestino, el segundo cerebroEsto es lo que asegura la neurogastroenterología. Esta ciencia es la parte de la medicina que estudia la regulación de la función digestiva. Una gran parte de los pacientes que acuden a un especialista de digestivo presentan síntomas digestivos sin causa detectable, lo que actualmente se define como enfermedades digestivas funcionales". Este y otros temas son tratados en el artículo que os presentamos…

 

 

Segundo Cerebro, Neurogastroenterología

Nervios, inseguridad, estrés, etc. se manifiestan desde nuestros primeros momentos de vida extrauterina mediante llantos y los llamados cólicos del lactante y, más adelante, el clásico "me duele la tripa" que dicen los niños sin aparente explicación.

Nuestra más íntima relación inicial con el exterior es oral y alimenticia y a partir de ahí nos convertimos en parte del medio para sobrevivir en él.

Nuestro intestino considerado hasta no hace mucho tiempo como una mera cañería, ha pasado a ser tenido en cuenta como centro de la llamada inteligencia emocional o experiencial, en un nuevo campo: La Neurogastroenterología.

Resulta complicado cambiar hábitos alimenticios y más cuando se trata de un cruento e incesante bombardeo de "excedentes" de la industria alimentaria, y la publicidad que genera, como es el caso de la producción cárnica, los cereales y la leche, entre otros, como base principal de la alimentación occidental además de la lujosa tentación de poder comer todo lo imaginable y de cualquier remoto lugar del mundo mientras nuestros organismos necesitan apenas una parca ración para mantenerse saludables y activos. Profundamente cruel e irónico si tenemos en cuenta el desequilibrio de reparto alimenticio a nivel mundial en el que ochocientos cincuenta y cuatro millones de personas están subalimentadas mientras que del exceso del "primer mundo" se genera una constante intoxicación, un envenenamiento paulatino, que deriva en enfermedades "modernas": obesidad, enfermedades cardiovasculares y cáncer, por citar sólo las de mayor índice de mortalidad y de inestimable repercusión para la consolidación y el aún mayor crecimiento económico de una industria farmacéutica "todopoderosa".

Nos llamamos seres racionales y negamos nuestra animalidad pero ¿hasta qué punto y con qué limitación si sufrimos una desconexión entre nuestra mente y nuestro cuerpo?

El cerebro digestivo, conocido como sistema nervioso entérico, está localizado en capas de tejido que forran el esófago, el estómago, el intestino delgado y el colon. Es una entidad anatómica única, compuesta por redes de células nerviosas, sustancias neurotransmisoras y proteínas, que actúan como mensajeras entre neuronas, capaces de aprender, de influir sobre el estado de ánimo y sobre la salud. «El cerebro intestinal desempeña un papel importante en la felicidad y miseria humanas, aunque poca gente sepa que lo tiene», dice Michael Gershon, autor del libro “El segundo cerebro” y profesor de anatomía y biología celular del Centro Médico Presbiteriano Columbia en Nueva York (Estados Unidos).

Describir las misiones del cerebro intestinal puede ser tan complicado como intentarlo con las del cerebro ubicado en el cráneo. Hasta el momento están claras dos fundamentales. La primera es dirigir el proceso de digestión. La segunda, colaborar con el sistema inmunitario en la defensa frente a sustancias y microorganismos hostiles. Dos funciones tan vitales como las intelectuales, desempeñadas por el cerebro superior.

Hasta hace relativamente poco se creía que el cerebro controlaba directamente los nervios y músculos intestinales a través del nervio vago. Según esta teoría, el intestino era simplemente un tubo que obedecía órdenes. El problema era que nadie había contado el número de células nerviosas presentes en el intestino.

Cuando se ha hecho, se ha descubierto que el intestino contiene más de cien mil millones de neuronas, casi tantas como el cerebro ya conocido.

La red nerviosa intestinal está dirigida por un pequeño número de «neuronas comandantes» que reciben órdenes básicas del cerebro y las redirigen a los millones de neuronas que se extienden a través de las dos redes nerviosas propias del intestino: el plexo mientérico y el plexo submucosal. Los tejidos nerviosos de los plexos también contienen células glía que nutren las neuronas. Las células glía están implicadas en la respuesta inmunitaria y sirven de barrera frente a sustancias nocivas que pudieran dañar las neuronas intestinales.

La actividad inmunitaria del intestino resulta tan significativa que se le puede considerar el mayor órgano del sistema de defensas. Alberga más células inmunitarias que todo el resto del cuerpo y las neuronas entéricas están en permanente comunicación con ellas. Entre las funciones inmunitarias del cerebro intestinal cabe señalar el mantenimiento de condiciones óptimas para el desarrollo de la flora bacteriana beneficiosa y la detección y expulsión inmediata de los microorganismos que pudieran resultar perjudiciales.

Las «neuronas comandantes» controlan la actividad del intestino. Poseen sensores para el azúcar, las proteínas, la acidez y otros agentes químicos que indican la progresión de la digestión. A partir de esta información, el cerebro intestinal decide las sustancias que debe secretar para optimizar la asimilación de nutrientes y el ritmo con que los contenidos intestinales deben ser empujados.

En definitiva, el intestino toma decisiones y utiliza en su funcionamiento circuitos complejos como sólo se encuentran en el cerebro.

Los detalles sobre cómo el sistema nervioso entérico está vinculado con el sistema nervioso central han sido descubiertos en los últimos años y están formando un nuevo campo de la medicina llamado neurogastroenterología. Durante años, a las personas que tenían úlceras o dolor abdominal crónico se les ha dicho que sus problemas eran imaginarios o emocionales. Hasta se les podía dirigir al psiquiatra o al psicólogo para que recibieran tratamiento. Los médicos acertaban al relacionar estos problemas con el cerebro, pero culpaban al equivocado. Todo indica que la mayoría de desórdenes gastrointestinales, como el síndrome de colon irritable, dolencia que afecta al 10-15% de los españoles, se originan en el cerebro intestinal o lo implican de manera fundamental.

Las razones por las que el sistema nervioso entérico se trastorna aún no son bien conocidas, pero las emociones pueden desempeñar un papel fundamental, de la misma forma que influyen sobre el sistema nervioso central.

Casi todos los pacientes con síndrome de colon irritable se quejan de problemas mentales y emocionales, como ansiedad, fatiga, agresividad, depresión o alteraciones del sueño. Una teoría sostiene que durante la infancia los afectados -sus cerebros digestivos- aprendieron a desarrollar molestias para hacer frente a situaciones de estrés. Digamos que provocaban un cambio de escenario: la preocupación por el síntoma físico dejaba en segundo plano cualquier otra. Así resulta que las molestias intestinales pueden revelar una dificultad para afrontar las dificultades que presenta la vida.

Es cierto que los síntomas de ambos cerebros se confunden. No es extraño, porque casi todas las sustancias que controlan y hacen funcionar el cerebro se producen en el intestino. Neurotransmisores principales como la serotonina, la dopamina, el glutamato, la noradrenalina y el óxido nítrico bañan las células nerviosas del intestino igual que lo hacen en el cerebro, aunque pueden tener funciones diferentes. Por ejemplo, la serotonina, que en el cerebro está relacionada con la sensación de calma y bienestar, en el intestino, donde se encuentra el 95% del total corporal, se encarga de desencadenar los movimientos peristálticos. Dos docenas de proteínas cerebrales muy simples, llamadas neuropéptidos, que son utilizadas por las neuronas para comunicarse entre ellas y con las células inmunitarias, se encuentran también en el intestino. Las encefalinas, opiáceos cerebrales naturales, no faltan. Y un hallazgo que ha dejado atónitos a los investigadores es que el intestino es una abundante fuente de benzodiazepinas, la familia de agentes químicos psicoactivos incluidos en medicamentos tan populares -son adictivos- como el Valium y el Xanax.

Incluso en alteraciones metabólicas relacionadas con el autismo se están empleando tratamientos dietéticos que determinan los niveles de TGD (Trastorno General del Desarrollo) TDA (Trastorno por Déficit de Atención) y TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad).

A medida que se conocen más detalles sobre las relaciones entre los dos cerebros, se entienden mejor algunos síntomas muy frecuentes. Por ejemplo, las «mariposas en el estómago» son consecuencia de la estimulación de las células nerviosas intestinales al liberarse cantidades extraordinarias de hormonas del estrés por orden del cerebro cuando se enfrenta a una situación difícil (amenazas físicas auténticas o imaginarias). Una diarrea puede ser resultado del miedo, que multiplica los estímulos sobre los circuitos productores de serotonina, neurotransmisor que desencadena la motilidad intestinal. Los dolores abdominales y las irregularidades intestinales son normales durante los periodos de tensión emocional.

El diálogo entre cerebros explica también muchos efectos secundarios de ciertos medicamentos. Los que ejercen efectos psíquicos también suelen tenerlos sobre el intestino. Los psicofármacos que provocan cambios en los niveles de serotonina cerebral afectan la producción del neurotransmisor en el intestino y pueden provocar náuseas, diarrea o estreñimiento. La cuarta parte de las personas que toman Prozac o antidepresivos similares sufren este tipo de problemas gastrointestinales. Tanto es así que el Prozac se utiliza en pequeñas dosis para tratar el estreñimiento crónico o el síndrome de colon irritable. Si se aumenta la dosis, el intestino se paraliza.

Drogas como la morfina y la heroína actúan tanto sobre los receptores opiáceos que se hallan en el cerebro como en los que se encuentran en el intestino. Ambos sistemas pueden hacerse adictos. Otra prueba del estrecho vínculo que existe entre los dos sistemas nerviosos es que los enfermos de Alzheimer y de Parkinson sufren de estreñimiento: sus neuronas intestinales están tan enfermas como las cerebrales.

Cabe preguntarse si es posible modificar el volumen de neurotransmisores intestinales a través de la alimentación. La respuesta es sí. Los alimentos ricos en hidratos de carbono favorecen la producción de serotonina y los proteicos, la de dopamina y noradrenalina. En el caso del síndrome de colon irritable, la práctica naturista recomienda aumentar la ingesta de hidratos de carbono complejos (cereales integrales, frutas y legumbres) y de fibra hidrosoluble (frutas, verduras, avena y legumbres). El gluten, proteína contenida en la mayor parte de los cereales salvo el arroz y el maíz, no está recomendado porque es alergénico y entre los afectados por el síndrome hay una incidencia mayor de alergias e intolerancias a los alimentos.

Otra estrategia para resolver molestias intestinales es lógicamente reducir el estrés, ya sea mediante técnicas de relajación, psicoterapia o ejercicio físico. Muchas personas han descubierto que dar paseos todos los días reduce considerablemente sus síntomas.

La comunicación entre los sistemas nerviosos central y entérico es como una autopista de dos direcciones, pero con diez veces más tráfico hacia arriba que hacia abajo.
Además, el sistema nervioso entérico es la única parte del cuerpo que puede rechazar o ignorar un mensaje que llega desde la cabeza. Es decir, el cerebro digestivo toma continuamente decisiones para el buen funcionamiento del sistema digestivo. Sin embargo, la mayoría de sensaciones que llegan a la conciencia son negativas, ya sea dolor o hinchazón. No se espera que llegue nada bueno de los intestinos, pero esto no significa que no hagan un buen trabajo y que no envíen señales positivas al resto del cuerpo.

¿Por qué hay benzodiazepinas en el intestino? Seguramente porque pueden aliviar los estados de ansiedad, de manera que en el intestino hay un auténtico laboratorio farmacéutico donde se producen, entre otros, medicamentos naturales contra el estrés, según Anthony Basile, neuroquímico en el Laboratorio de Neurociencia del Instituto Nacional de la Salud en Bethesda (Estados Unidos).

Las importantes funciones del sistema nervioso entérico se están descubriendo, pero su prestigio, dentro de la medicina convencional, todavía no está a la altura de los «órganos nobles». En cambio, para las medicinas orientales, el vientre es nada menos que el centro vital del organismo y lo es en el sentido más profundo. El dan tien de la medicina tradicional china y el hara de las artes marciales japonesas no aluden a los intestinos o cualquier otro órgano concreto, sino a un punto situado un par de dedos por debajo del ombligo, en el centro de gravedad del cuerpo. Allí reside el océano del chi, la energía vital.

Es el centro de control del organismo, donde se integran mente y cuerpo y ambos se funden con el universo. Para mantener la salud, el objetivo es conectar –a través de la meditación y de disciplinas psicofísicas como el taichi o el chikung- con ese centro. Los resultados son una integración óptima de todos los sistemas corporales y, sobre todo, un estado general de serenidad, de calma profunda. ¿Tendrá esta calma algo que ver con el equilibrio del sistema nervioso entérico? Sería casualidad que no lo tuviera. En palabras de K.G. Dürckheim, maestro de filosofía zen y de artes marciales, "el cuidado del hara ejerce una virtud curativa con respecto al nerviosismo, bajo cualquier forma que se presente".

Según las experiencias del Dr. Jean Seignalet como pionero en el estudio y la relación directa de diversas enfermedades que abarcan desde la poliartritis reumatoide, la fibromialgia, diabetes tipo 1 y 2, hasta diversos tipos de cáncer, con la alimentación y expuestas en su obra "La Alimentación, la Tercera Medicina" y dentro de una concepción holística, el sistema digestivo y los intestinos en especial desempeñan un papel crucial en el mantenimiento de la salud. Si la enfermedad es consecuencia del desequilibrio y éste puede ser efecto de una sobrecarga de elementos tóxicos, la terapia más recomendable en muchas ocasiones es la higiene intestinal. Así, los ayunos y enemas provocarían, en términos informáticos, un «reset» de los órganos gobernados por el sistema nervioso entérico que les permitiría reiniciar un funcionamiento correcto después de un tiempo de descanso y de eliminar elementos extraños. La limpieza intestinal sería para el cerebro del bajo vientre algo así como una cura de sueño para el sistema nervioso central.

Tanto los recientes hallazgos sobre el sistema nervioso entérico como los antiguos conocimientos sobre el hara sugieren la conveniencia de hacer menos caso al parloteo de la mente y prestar más atención a los síntomas y sensaciones procedentes del estómago y de los intestinos. Así podrían descubrirse emociones conflictivas que conviene resolver o evitar el desarrollo de muchas dolencias en sus primeras etapas. En cierta manera el ser humano adulto debiera recuperar la sabiduría del bebé, para quien las sensaciones que proceden de la barriga están por encima de casi todas las demás y puede llorar desesperadamente cuando le azuza el hambre o acariciarse la tripa cuando le llegan sensaciones satisfactorias.

En la historia de la evolución, el sistema a nervioso entérico, el «cerebro digestivo», fue el primero en nacer. Apareció en animales que eran un mero tubo digestivo, pegados a las rocas y esperando a que la comida pasara por allí. A medida que la vida evolucionó, los animales necesitaron sistemas nerviosos más complejos para encontrar alimento y para reproducirse, de manera que se desarrolló un sistema nervioso central. Pero el control del intestino era demasiado importante como para confiarlo únicamente a la cabeza, según David Wingate, profesor de gastroenterología de la Universidad de Londres. La naturaleza prefirió preservar el sistema nervioso entérico como un circuito independiente que en los animales más complejos está escasamente conectado con el sistema nervioso central y puede funcionar prácticamente de manera autónoma, sin instrucciones del "cerebro superior".

De alguna manera, lo ocurrido a lo largo de la evolución es lo mismo que sucede en cada individuo desde su concepción hasta su pleno desarrollo. La cresta neural se forma muy pronto en la etapa de desarrollo embrionario. Con el paso de las semanas, una parte llega a ser el sistema nervioso central y otra migra hasta convertirse en el sistema nervioso entérico. Sólo más tarde se conectarán los dos sistemas nerviosos mediante el llamado nervio vago. El plexo solar o celiaco es una densa red nerviosa que rodea a la arteria aorta ventral en el punto de donde salen la arteria mesentérica y renal, a nivel de la primera vértebra lumbar, detrás del estómago. Procede especialmente del gran simpático y del nervio vago. En él se combinan las fibras nerviosas del sistema nervioso simpático y del parasimpático. El plexo solar, contribuye a la inervación de las vísceras intraabdominales. El dolor abdominal causado por sensibilidad del plexo solar, también llamado punto epigástrico, está localizado en un punto medio entre la punta inferior del esternón (llamada apófisis xifoides) y el ombligo.

Las similitudes entre los dos cerebros son asombrosas. Incluso en la evocación de las circunvalaciones cerebrales a las del laberinto intestinal y, más allá de lo aparente, ambos actúan de la misma manera cuando son privados de "entradas" desde el mundo exterior.

Durante el sueño, el cerebro produce ciclos de 90 minutos dominados por las ondas lentas y puntuadas por los periodos REM (Rapid Eyes Movements). También durante la noche, cuando no tiene alimento, el intestino presenta ciclos de 90 minutos de movimientos musculares lentos, puntuados por periodos de movimientos rápidos. Las personas con problemas intestinales también tienen un sueño REM anormal.

El cerebro se caracteriza por su capacidad para aprender. El colon también puede hacerlo pues se le puede entrenar: si cada día se practica un enema a las 10 de la mañana durante una temporada, es muy probable que a la misma hora se produzca un movimiento intestinal importante ya sin la necesidad de enema. En el tratamiento del síndrome de colon irritable resulta eficaz respetar un horario de visitas al retrete y en general conviene que las comidas se tomen cada día a las mismas horas.

La importancia de las funciones de los dos cerebros se traduce en una complejidad enorme y equiparable. Las cifras no la describen, pero son significativas. En el intestino hay más neuronas que en la médula espinal: unos 100 millones. El intestino delgado tiene entre 8 y 9 m de longitud y una superficie interior de más de 150 m2 aproximadamente. En cada cm2 hay alrededor de 3.000 vellosidades -encargadas de absorber nutrientes- que en conjunto segregan cada día unos dos litros de jugos necesarios para la digestión.

El intestino delgado separa lo bueno de lo malo y en él se absorben las sustancias nutritivas. Esto supone un proceso de integración física y también de sentimientos, pensamientos y experiencias. Los síntomas intestinales pueden reflejar la personalidad y los conflictos psíquicos.

La inseguridad, el miedo y otros factores similares producen retención y los consiguientes estreñimientos, úlceras intestinales o colon espástico. En el intestino, donde se conectan las realidades interna y externa, se pueden retener aspectos de la propia personalidad que da miedo liberar. La obsesión por controlar impide la espontaneidad. Los cambios y los viajes, por la sensación de desprotección que conllevan, pueden ir acompañados de molestias intestinales.

Retomando el problema de la macroalimentación que "disfrutamos", produce tales cambios físicos y químicos en nuestro intestino y su flora que resultan devastadores sin que nuestro cerebro "pensante" se aperciba mientras que el resto de nuestro organismo está enviando señales de alarma. No hay mens sana sin corpore sano.

Artículo publicado en el blog Fuera de Servicio , por Sueside, a la que queremos agradecer su autorización para reproducir en nuestra web este artículo, así como felicitarla por el mismo.


 

Comentarios (16)add
Aurea
Muy interesante
escrito por Aurea , agosto 26, 2009
Me parece muy interesante este artículo, no le doy un 10, le doy un 12 smilies/smiley.gif. Muchas gracias
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noni
Sorprendente
escrito por noni , agosto 26, 2009
Me encanta el artículo...me ha hecho reflexionar sobre la aparición de los brotes de crohn, creo que es cierto lo de que el intestino es nuestro segundo cerebro...espero que las investigaciones sigan por ese camino. Saludossmilies/cheesy.gifsmilies/shocked.gif
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Vega
Sin desperdicio
escrito por Vega , agosto 26, 2009
Interesante investigacion, de ahora en adelante cuidare mi otro cerebro mejor para no acabar loco.
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2º cerebro
escrito por clarasalut , octubre 04, 2009
Muy interesante este artículo y la limpieza de colon es fundamental para tener un buen funcionamiento del cerebro intestinal. Hoy en dia se practica la hidroterapia de colon para realizar una limpieza de colon y esta aumenta nuestra calidad de vida.

(eliminada publicidad)
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el intestino
escrito por arlette , junio 15, 2010
muy interesante xq nos
hablan de nuestro intestino como cuidarlo
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Que se podria inferir si el intestino delgado no tuviera vellosidades, Baja votación del comentario [Mostrar]
ACCU
Información
escrito por ACCU , julio 23, 2010
Anónimo sentimos que no haya encontrado lo que buscaba, evidentemente la información que publicamos en esta página núnca es sobre una base hipotética. Se basa en diferentes estudios médicos y como bien sabe, si el aparato digestivo no tuviera vellosidades no podría asimilarse los nutrientes que ingerimos.....con lo cual, recabar información sobre ello sería en vano, ya que existen y tienen una función muy importante para el buen funcionamiento del organismo.
Le invito a no entrar en descalificaciones, de modo contrario nos veremos obligados a eliminar sus mensajes. Todos podemos expresar nuestras opiniones desde el respeto.
Muchas gracias por su atención
Si tiene cualquier otra duda o consulta le invito a participar en nuestro foro
Un saludo
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solo es mi opinion
escrito por juan carlos , septiembre 09, 2010
en hora buena por este apreciado articulo y sobre todo por que esto demuestra
que hay una preocupacion sobre dicho tema que ocasiona tanto
daño a millones de personas yo lo suelo llamar
la enfermedad del panico
miedos,soledad,preocupacion,incertidunbre etc
todo conlleva a estar tenso y irritable la malloria del tienpo
sobretodo por lo vivido tienpo atras y renunciar a un futuro muy incierto
pero soy del pensar que la division del cuerpo no es la solucion a dicho
problema.
nuestro cuerpo ensi es una maquina perfecta pero toda maquina
tiene sus errores
si te marca un error es un conjunto no funciona una pieza y fastidia
a las piezas que le siguen
normalmente los dolores de estomago ban asociados com dolor de cabeza
y los de cabeza te cierran el estomago
cuando recibes una mala noticia la recibe el celebro por consigiente te cierra el
estomago todo es un conjunto
desde luego lo principal seria buscar una solucion lo antes posible
para todo este conjunto de causas
que elimina la personalidad y vida satisfactoria del mismo
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mmm...
escrito por yerzon , agosto 23, 2011
por orden de evolucion es el primer cerebro, retrocediendo hasta las bacterias y amebas.
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la obra
escrito por loreto denis , junio 08, 2012
ola me llamo loreto tengo 10 años estudio en la escuela.jose de san martien D926 en mi casa somos 5 mi mama mi papi mi prima mi mamá y llojjaj yeadios y esta soy llo y respento a lo des intestinoes fome no aparese lo que queria smilies/angry.gif bu fome no aparese nada solo bla bla bla y bla ya xao me voy no me siervio el intestino .....biuuuuuuuu xao ai vienemi mami jajajja y le voy ha decir que esto es fome bu y mi mami va ha ser asie mirensmilies/shocked.gif jajaj ya xao lucer
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Interesante
escrito por Evameb , septiembre 04, 2012


Llegué a esta página porque esta temporada no me encuentro muy bien, tengo cierta ansiedad y desasosiego, adaptarse a nuevas situaciones lleva tiempo. Y puedo comprobar claramente como va unido totalmente a loque siente uno a la altura de los intestinos. Está completamente relacionado. Este artículo me valió para entender lo que me pasaba, ya me estaba preocupando. Sólo espero que sea pasajero.
Saludos.
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...
escrito por dario , septiembre 27, 2012
Interesantísimo artículo. Resulta indudable la relación entre las emociones y ciertas enfermedades autoinmunes. Padezco Crohn tipo II desde hace mas de diez años y tras cinco intervenciones mi intestino delgado quedó en poco más de dos metros... Con el tiempo he sido consciente de lo mucho que influyeron hechos pasados,vivencias emociones en mi salud,en el desarrollo del Cronh... como ciertos síntomas me evitaron enfrentarme a momentos decisivos de mi vida. En realidad este artículo, -con más o menos apoyo de deteminados círculos científicos-se acerca en más a las causas y nexos entre enfermedad, emociones, alimentación y asimilación tanto orgánica como espiritual (si se me permite el término) y calidad de vida. smilies/grin.gif
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Excelente artículo
escrito por Adriks , octubre 18, 2012
gracias tomaré cartas en el asunto, viviré menos en el pasado y futuro y me enfocaré en mi aquí y ahora... obviamente me antenderé con un especialista... Creo que lo valemos.. saludos
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hola muy interesante su investigacion
escrito por roberto sanches , enero 02, 2013
smilies/wink.gifsmilies/wink.gifhola muy buen articulo los felicito de todo corazon
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atención psiquiatrica, básica para la salud y su prevención.
escrito por jesus hernandez , abril 10, 2013
Es importante relacionar ciertas enfermedades del estomago con trastornos emocionales, lo cuales se pueden tratar de raiz con algun ansiolítico y antidepresivos.
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salud de nuestros intestinos
escrito por Leandro - como limpiar el colon , agosto 22, 2014
Cuando se sufre de algún transtorno en los intestino como intestino irritable o colon inflamado, etc. es muy recomendables revisar los alimentos que acostumbramos mayormente en nuestra dieta. Hay muchos alimentos que si bien son muy sanos y saludables para las personas que no sufren de estas dolencias, pero que son muy nocivos y perjudiciales para quienes tienen algún problema intestinal.Hay muchos vegetales como las coles, repollos, brócoli, cebolla y muchas más, que en sí son excelentes alimentos, pero pueden ser causantes de horribles síntomas como hinchazón y fuertes dolores abdominales.
Si sufres alguna de estas afecciones es muy importante que te informes sobre una dieta adecuada ya que mantener la salud de nuestros intestinos puede evitarnos sufrir enfermedades severas y con serias consecuencias.
http://comolimpiarelcolon.info
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busy
Modificado el ( martes, 25 de agosto de 2009 )